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Guillermo II

 
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Bruno Stachel
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MensajePublicado: Sab Jul 15, 2006 5:25 pm    Asunto: Guillermo II Responder citando

Guillermo II (1859-1941), el ultimo Kaiser, nació en Potsdam en 1859, hijo de Federico III y Victoria, hija de la reina Victoria. Nació con una deformidad del brazo, debido a dificultades en el parto. También se dice que sufrió algun tipo de trauma cerebral en el parto, pero los historiadores no han podido determinar si tal incapacidad mental pudo haber contribuido a su agresividad, testarudez y falta de tacto con las personas y a la hora de enfrentar problemas, lo cual era evidente en su vida política y personal. Tal enfoque ciertamente estropeó la política alemana bajo su liderazgo, ejemplificándose principalmente en eventos como el despido del cauteloso Otto von Bismarck.

Su educación fue estricta y autoritaria, creciendo bajo el influjo de su abuelo y la sombra de su madre. Tuvo una relación difícil con su madre, quien era fría con él, que se sentía en cierta manera culpable por la deformidad de su hijo, tratando en muchas ocasiones de corregirla a través de un riguroso régimen de ejercicio que el joven Guillermo odiaba. Resulta interesante que, dados sus orígenes ingleses, Victoria haya tratado de inculcar en su hijo un sentido de supremacía británica en muchos aspectos -lo que se refleja en el profundo respeto (y una cierta envídia) por Gran Bretaña y por los ingleses.

Guillermo fue educado en Kasse en la escuela Friedrichsgymnasium y en la Universidad de Bonn. Guillermo poseía una mente muy ágil, pero su temperamento cascarrabias le ofuscaba demasiadas veces. Tenía cierto interés por la ciencia y la tecnología del periodo, pero como gustaba de hacer notar a la gente que él era un hombre del mundo, perteneciente a un orden distinto de la raza humana, designada a la monarquía.

Como vástago de la casa real de Hohenzollern, Guillermo estuvo, desde una edad temprana, expuesto a la sociedad militar de la aristocracia prusiana. No es necesario mencionar que esto fue un elemento importantísimo en su vida, ya que se puede notar con facilidad, ya que en su madurez era raro verlo sin el uniforme militar. Esta cultura militar del periodo tuvo un gran papel al forjar el carácter político y personal de Gullermo. Dentro de este militarismo, veía a su padre con un profundo amor y respeto, por la posición de su padre como héroe de las guerras de unificación, que, junto a su admiración por su abuelo, el creador del Imperio, fue responsable de la actitud del joven Guillermo. Más tarde, cuando estuvo en contacto con los opositores políticos de su padre -Bismarck entre otros- Guillermo adoptó sentimientos ambivalentes hacia su padre, dada la notable influencia de su madre sobre una figura que debió haber sido de independencia masculina y de fuerza.

Se convirtió en emperador a la muerte de su padre, de cancer de garganta, en 1888. Aunque en su juventud había sido un gran admirador de Bismarck, su impaciencia lo llevó rápidamente a un conflicto con el "Canciller de Hierro", por su determinación de reinar y administrar al mismo tiempo, a diferencia de su abuelo, que solía encargar la administración diaria al brillante Bismarck.


Bismarck creía que Guillermo era un hombre ligero que podía ser dominado, y mostraba respeto por las ambiciones de éste en la década de 1880. Luego de un intento de Bismarck de implementar una ley anti-socialista de largo alcance a principios de la década de 1890, la separación final entre ambosocurrió pronto. Guillermo no estaba dispuesto a iniciar su reinado con una masacre al por mayor de trabajadores industriales, y despidió a Bismarck en 1890.

Designó a Leo von Caprivi para tomar el lugar de Bismarck, y posteriormente fue sustituido por el Príncipe Chlodwig zu Hohenlohe-Schillingsfürst en 1894. Al designar a Caprivi y luego a Hohenlohe, Guillermo se embarcaba en lo que se conoce como "el nuevo curso", por medio del cual esperaba ejercer una decisiva influencia en el gobierno del imperio. Los historiadores debaten acerca del grado de éxito que tuvo Guillermo en su política.

Guillermo quiso evitar el resurgimiento de Bismarck, el "canciller de Hierro", a quien detestaba, llamándolo "viejo grosero y aguafiestas". Bismarck jamás había permitido a ningún ministro ver en persona al emperador sin estar él presente, manteniendo así su influencia y su poder político. Luego de su retiro forzado, hasta el día de su muerte, Bismarck se convirtió en un duro crítico de las políticas de Guillermo, pero sin el apoyo del árbitro supremo de todas las designaciones políticas (el emperador), había poca oportunidad para que el viejo canciller pudiera ejercer alguna influencia.

Algo que Bismarck pudo lograr fue la creación del "Mito Bismarck". Esta visión sostenía que con el despido de Bismarck Guillermo II había destruido cualquier posibilidad de que Alemania tuviera un gobierno estable y efectivo, y que llevó a la nación a los horrores de las dos guerras mundiales. Pero en realidad, Guillermo estuvo probablemente en lo correcto al depedir a Bismarck, un hombre cuyas habilidades políticas estaban disminuyendo con la edad, y que era peligrosamente hostil con los elementos socialistas dentro del Reich.

Tras el despido de Hohenlohe en 1900, Guillermo designó canciller al hombre al príncipe Bernhard von Bülow. Guillermo esperaba encontrar en Bülow un hombre que combinara la habilidad Bismarck con el respeto a los deseos del Kaiser. Guillermo había notado el enorme potencial de Bülow, pero durante la década siguiente Guillermo perdió su interés por Bülow y le despidió, designando en su lugar a Theobald von Bethmann-Hollweg en 1909, burócrata de profesión, por el que el Kaiser llegó a sentir un gran respeto. A pesar de eso, no estuvo de acuerdo con ciertas políticas de Bethmann, tales como sus intentos de reformar las leyes electorales prusianas.

La participación de Guillermo en la esfera doméstica estuvo más limitada a principios del siglo XX que lo que había estado a principios de su reinado. Esto se debió, en parte, a la designación de Bülow y Bethmann (hombres de mucho más carácter que los primeros cancilleres de Guillermo), pero también se debió a su creciente interés por los asuntos exteriores.
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Bruno Stachel
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MensajePublicado: Sab Jul 15, 2006 5:36 pm    Asunto: Responder citando

La política exterior alemana durante su reinado se enfrentó varios problemas significativos. Probablemente el más aparente fue que Guillermo, impaciente por naturaleza, subjetivo en sus reacciones y afectado fuertemente por sus impulsos y sentimientos, no estaba personalmente preparado para conducir la política exterior alemana por un camino racional. Esta debilidad también lo hacía vulnerable a la manipulación por la élite de la política exterior alemana.

Tras el despido de Bismarck, Guillermo y su nuevo canciller se dieron cuenta de la existencia del "Tratado de Reafirmación" con el Imperio Ruso, que era secreto, y había sido concluido por Bismarck en 1887. La negativa de Guillermo de renovar este acuerdo (que garantizaba la neutralidad de Rusia en caso de un ataque por Francia) es visto por muchos historiadores como el epor error cometida por Guillermo en términos de política exterior. En realidad, la decisión de permitir el vencimiento del tratado fue principalmente responsabilidad de Caprivi, aunque Guillermo apoyaba sus acciones. Es importante no sobreestimar la influencia del Emperador en materia de política exterior luego del despido de Bismarck, pero es cierto que su participación contribuyó a la falta general de coherencia y consistencia de la política del Imperio Alemán con otras potencias.

Un ejemplo típico de esto fue su relación de "amor-odio" con Gran Bretaña, y en particular con sus primos británicos. Un conflicto armado con Gran Bretaña nunca fue totalmente descartado por Guillermo, quien a menudo abrigaba sentimientos anti-británicos dentro de los principales ámbitos del gobierno alemán, a pesar de lo que su madre le había inculcado en su juventud. Cuando la guerra estalló en 1914, Guillermo creyó sinceramente que era víctima de una conspiración diplomática fraguada por su tío Eduardo VII, en la cual Gran Bretaña había buscado activamente "rodear" a Alemania a través de la conclusión de la Entente Cordiale con Francia en 1904 y un acuerdo similar con Rusia en 1907.

Durante una reunión privada en Björkö en 1905, Guillermo concluyó un acuerdo con su primo. El Kaiser ascendió dicho acuerdo a un tratado de alianza, sin antes consultarlo con Bülow. Una situación similar confrontó Nicolás durante su regreso a San Petersburgo, y el tratado era, como resultado, inválido. Pero Guillermo creyó que Bülow lo había traicionado, y ese hecho contribuyó al creciente sentimiento de insatisfacción hacia el hombre que consideró que sería su más leal sirviente. En términos muy similares a los de Björkö, sus intentos por evitar una guerra con Rusia por medio de un intercambio de telegramas con Nicolás II en los últimos días antes del estallido de la guerra no surtieron efecto debido a la realidad política. Sus intentos estaban fuera de lugar debido a sus compromisos con Austria-Hungría. En caballerosa fidelidad a la alianza con Austria, Guillermo informó al emperador Francisco José en 1889 que "el día de la movilización austro-húngara sería también el día de la movilización alemana." En caso de darse esta movilización austriaca, era más probable que se diera en contra de Rusia, por tanto, una política de alianza con Rusia y Austria a la vez era imposible.

Probablemente el error personal más dañino cometido por Guillermo en la esfera de la política exterior tuvo más impacto en Alemania que en el resto del mundo. El asunto del "Daily Telegraph" de 1908 se derivó de la publicación de ciertas opiniones de Guillermo en una edición de este diario británico. Guillermo vio esto como una oportunidad para promover sus ideas y puntos de vista en cuanto a la relación diplomática entre Alemania y Gran Bretaña, pero, debido a sus arrebatos emocionales, Guillermo terminó negando no sólo a los británicos, sino también a los rusos, franceses y japoneses, sosteniendo que a los alemanes no les importaban los británicos; que los franceses y los rusos habían tratado de instigar a Alemania a intervenir en la Guerra Boer; y que el desarrollo naval alemán estaba enfocado a frenar a los japoneses, no a los británicos. Comprensiblemente, Guillermo mantuvo un perfil muy bajo luego del fiasco del "Daily Telegraph", y posteriormente concretó su venganza forzando la renuncia del príncipe von Bülow, quien había abandonado el Emperador a la crítica pública asumiendo públicamente cierta responsabilidad por no haber editado la transcripción de la entrevista antes de su publicación.

La crisis del "Daily Telegraph" hirió profundamente la previamente dañada autoconfianza de Guillermo, tanto que pronto sufrió de depresión clínica severa, de la cual nunca se recuperó realmente. A patir de ese momento perdió mucha de la influencia que con anterioridad había ejercido en términos de política exterior y doméstica.

En algunos casos, los errores diplomáticos de Guillermo II eran parte de la política de la élite gobernante alemana. Una de tales acciones detonó la Crisis de Marruecos en 1906, cuando Guillermo fue persuadido (muy en contra de sus deseos) a realizar una espectacular visita a Marruecos. Su presencia fue vista fue vista como una aserción de los intereses alemanes en Marruecos, e incluso hizo ciertas afirmaciones a favor de la independencia de Marruecos en un discurso. Esto lo condujo a cierta fricción con Francia, que tenía intereses coloniales en ese país. Sin embargo, nada de lo que Guillermo II hizo en el ámbito internacional tuvo más influencia que su decisión de llevar a cabo una política de construcción naval masiva.

Una armada poderosa era el principal proyecto de Guillermo. Había heredado de su madre una amor por la Royal Navy y cierta vez confesó a Eduardo VII que su sueño era tener una flota como los británicos. Guillermo se sentía frustrado debido a que la flota alemana era pobre en comparación a la flota británica, así como por su incapacidad de ejercer influencia alemana en Sudáfrica. Guillermo tuvo la fortuna de llamar a su servicio al dinámico oficial naval Alfred von Tirpitz, a quien designó comandante general de la Oficina Naval del Reich en 1897.

El nuevo almirante había concebido lo que más tarde fue conocido como el "plan Tirpitz", por medio del cual Alemania podría forzar a Gran Bretaña a acceder a sus demandas en el ámbito internacional a través de la amenaza de una fota poderosa concentrada en el Mar del Norte. Tirpitz disfrutaba el total apoyo de Guillermo en el apoyo de cuentas navales sucesivas de 1897 y 1900, por medio de las cuales la armada alemana se reforzaba para contender con la armada británica. La expansión naval en ese periodo eventualmente causó en Alemania severas crisis financieras para 1914. Guillermo se enfocó en la construcción de acorazados de gran tamaño.
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Bruno Stachel
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MensajePublicado: Sab Jul 15, 2006 5:46 pm    Asunto: Responder citando

La Gran Guerra

Guillermo era amigo del archiduque Francisco Fernando, y estuvo profundamente conmocionado por su asesinato el 28 de Junio de 1914. Ofreció su apoyo a Austria-Hungría para desmantelar la organización secreta que había planeado el asesinato, e incluso sancionó el uso de la fuerza contra la presunta fuente del movimiento: Serbia. Quería permanecer en Berlín hasta que la crisis fuera resuelta, pero su corte lo persuadió a ir a su crucero anual por el Mar del Norte el 6 de Julio de 1914. Probablemente se sabía que su presencia sería útil para aquellos elementos en el gobierno que deseaban sacar provecho de esta crisis para aumentar el prestigio de Alemania, incluso con el riesgo de una guerra general, algo a lo que Guillermo era extremadamente aprehensivo.

Guillermo hizo intentos erráticos para permanecer informado de la crisis por medio de telegramas, y cuando el ultimátum austrohúngaro se entregó a Serbia, se apresuró en volver a Berlín. Sin saberlo, los ministros y generales austrohúngaros ya habían convencido a Francisco José, de 84 años, a firmar una declaración de guerra contra Serbia.

Es difícil argumentar que Guillermo buscó activamente desatar la Primera Guerra Mundial. A pesar de que tenía ambiciones de que el Imperio Alemán fuera una potencia mundial, nunca fue intención de Guillermo conjurar un conflico de gran escala para lograr tales fines. A pesar de saber que una guerra mundial era inminente, hizo grandes esfuerzos para preservar la paz, como su correspondencia con Nicolás II, y su interpretación optimista del ultimátum austrohúngaro de que las tropas de esa potencia no irían más lejos de Belgrado, limitando así el conflico. Pero cuando ya era demasiado tarde, para los ansiosos oficiales militares y para la Oficina de Asuntos Exteriores de Alemania fue posible persuadir al Kaiser a firmar la orden de movilización.

El papel de árbitro en los asuntos de política exterior en tiempos de guerra probó ser una carga demasiado pesada para Guillermo. A medida que la guerra progresaba, su influencia decaía y su falta de habilidad en materia militar lo condujo a una progresiva dependencia de sus generales, hasta el punto que el Imperio se convirtió en una dictadura militar bajo el control de Paul von Hindenburg y Erich Ludendorff. Alejado de la realidad y del proceso político, Guillermo vacilaba entre el derrotismo y los sueños de victoria, dependiendo de la fortuna de "sus" ejércitos. Seguí siendo una útil figura, viajaba por las líneas del frente, repartía medallas y daba alentadores discursos.

No obstante, Guillermo seguía teniendo la máxima autoridad en materia de designaciones políticas, y sólo con su consentimiento se podían hacer cambios importantes en el Alto Mando. Guillermo estaba a favor del despido de Helmut von Moltke en 1915 y de su reemplazo por Erich von Falkenhayn. Similarmente, Guillermo fue instrumento de la política de inactividad adoptada por la Flota de Alta Mar alemana luego de la batalla de Jutlandia en 1916. De la misma forma, en gran medida se debe a su sentido de sufrimiento que Guillermo haya tratado de tomar un papel predominante en la crisis de 1918. Se dio cuenta de la necesidad de un armisticio y no consideraba que Alemania debería desangrarse por una causa perdida.

Guillermo se encontraba en el cuartel general del Ejército Imperial en Spa, Bélgica a finales de 1918. El "motín de Wilhelmshaven", surgido en la Kaiserliche Marine lo conmocionó profundamente. Luego del estallido de la Revolución Alemana, Guillermo no podía decidirse acerca de si abdicar o no. Hasta ese punto, confiaba que incluso si era obligado a abandonar el trono alemán, aún tendría el control sobre el reino de Prusia, manteniendo su título. La irrealidad de esto le fue revelada cuando, con el fin de preservar alguna forma de gobierno en tiempos de anarquía, su abdicación como Emperador de Alemania y rey de Prusia fue anunciada por el Canciller, el príncipe Max von Baden el 9 de Noviembre de 1918. De hecho, el mismo von Baden fue obligado a renunciar más tarde ese mismo día, cuando quedó claro que sólo Friedrich Ebert, líder del SPD, ejercía un control efectivo.

Guillermo aceptó la abdicación sólo después de ser reemplazado Ludendorff por el general Wilhelm Groener. Éste último le informó que el ejército se retiraría bajo las órdenes de Hindenburg, pero que no lucharía para ayudarle a recuperar el trono. La monarquía había perdido a su último y más fuerte apoyo, y finalmente el mismo Hindenburg fue obligado a aconsejar al Emperador que presentara su abdicación. Al día siguiente, Guillermo cruzó la frontera alemana en tren para su exilio en los Países Bajos, que se había mantenido neutral durante la guerra. Luego de la conclusión del Tratado de Versalles en 1919, el artículo 227 del mismo se estipulaba la persecución legal contra Guillermo "por haber cometido una ofensa suprema en contra de la moralidad internacional y la santidad de los tratados", pero la reina Wilhelmina se rehusó a extraditarlo, a pesar de apelaciones por parte de los Aliados. El emperador se asentó en Amerongen, y luego se le otorgó un pequeño castillo en la municipalidad de Doorn, el cual fue su hogar por el resto de su vida.

En 1922 Guillermo publicó el primer volumen de sus memorias - un pequeño volumen que sin embargo reveló su extraordinaria memoria- en las que afirmaba que no era el culpable de haber desatado la Gran Guerra, y defendía su conducta a lo largo de su reinado, especialmente en materias de política exterior. Durante los 20 años restantes de su vida, el envejecido emperador regularmente entretenía a sus huéspedes y se mantenía informado de los acontecimientos.

A principios de la década de 1930, Guillermo aparentemente esperaba que la victoria del Partido nazi estimularía el interés en el resurgimiento de la monarquía. Su segunda esposa, Hermine, pidió activamente al gobierno nazi beneficios para su esposo, pero el desprecio de Hitler por el hombre que había contribuido a la peor derrota de Alemania y su propio deseo de poder, evitaron la restauración de Guillermo en la monarquía. Guillermo desconfiaba de Hitler, a pesar de que admiraba enormemente el éxito que éste había logrado en los primeros meses de la Segunda Guerra Mundial, e incluso envió un telegrama de felicitaciones luego de la caída de París en 1940. Sin embargo, tras la invasión de los Países Bajos de ese mismo año, el anciano Guillermo se retiró completamente de la vída pública.

Guillermo II murió de embolia pulmonar en Doorn, Países Bajos, el 5 de Junio de 1941, con soldados alemanes custodiando las puertas de su residencia. Sin embargo, se dice que Hitler se disgustó de que el ex-monarca tuviera una guardia de honor de tropas alemanas. Guillermo II fue sepultado en un mausoleo en las tierras de Huis Doorn. Los deseos de Guillermo, de que sus restos nunca fueran devueltos a Alemania hasta la restauración de la monarquía, fueron respetados, y las autoridades nazis de ocupación permitieron que se realizara un pequeño funeral militar. La petición de Guillermo, de que la esvástica y otros símbolos nazis no fueran desplegados en sus funerales no fue respetada.



Fuentes: http://www.firstworldwar.com/bio/wilhelmii.htm
http://www.worldwar1.com/biokais.htm
http://www.lib.byu.edu/estu/wwi/bio/w/willyii.html
http://en.wikipedia.org/wiki/Wilhelm_II_of_Germany
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H.P.Lovecraft
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MensajePublicado: Mie Feb 21, 2007 1:50 am    Asunto: Responder citando

Unos breves apuntes de la figura del viejo kaiser desde su exilio que me he encontrado en una vieja enciclopedia

Guillermo II fue una persona que jamás quiso comprender de que su tiempo había pasado. Desde su exilio en Doorn- Holanda - seguía los deveniros de su patria a la espera de que fuera llamado por sus compatriotas para rescatarles ya que según el mismo “Sólo el Kaiser sería capaz de imponer el orden”. Mientras espera esa llamada los años fueron pasando y el Kaiser fue envejeciendo. A pesar de que aun quedaban importantes reductos de monárquicos en Alemania su figura fue lentamente diluyéndose y el viejo emperador empezó a ser observado como si se tratase de un interesante objeto de museo, en donde interesaba más al pueblo alemán sus quehaceres diarios que sus planes políticos. Aun así Guillermo II espera la llamada de su patria.


El viejo Kaiser practicando una de sus aficiones favoritas:partir leña

Algo que le enojaba de sobremanera al viejo Kaiser era la figura de Hindenburg. Se sentía traicionado por él y lo acusaba de su salida del país mediante engaños. Para más inri ahora lo veía a la cabeza del país, un puesto que sólo le correspondía a él! A pesar de estas rencillas el odio no era recíproco ya que Hindenburg se seguía considerando una persona monárquica y fiel a su “Señor Imperial”. De hecho a su muerte dejó una carta en su testamento dirigida al viejo kaiser en la cual le recomendaba su vuelta a Alemania y la restauración de la monarquía.

Guillermo II a raiz de esta enemistad suya tenía su esperanza puesta en el NSDAP de Hitler. En un principio el propio Hitler se había mostrado en público varias veces favorable a una restauración de la figura del monarca. De hecho el kaiser había recibido en su exilio holandés la visita de Göering con el que había departido ideas por largo tiempo. Pero una vez llegado al poder Hitler prohibió a sus colaboradores más contactos con Doorn y no permitió más visitas. Aun así Guillermo II continuaría creyendo que tarde o temprano Hitler cumpliría con su promesa. Además tenía presente el ejemplo de Mussolini en Italia donde había necesitado de la figura del rey para ascender al poder.

En la mañana del 2 de Agosto de 1934 mientras el viejo kaiser se encontraba partiendo leña recibió el mensaje de la muerte de Hindenburg. Escuetamente se limitó a preguntar la edad del fallecido, después se retiro a su casa. Para él había llegado su momento. Pero cuando a los pocos días el Ejercito mostró su Juramento ante Hitler, Guillermo II estalló. Le había vuelto a traicionar de nuevo. Para más al poco de tener todo el poder en su mano Hitler asqueado de los últimos bastiones de nobles prohibió de un golpe cualquier asociación de tinte monárquico. La bandera Imperial del II Reich además sería desterrada por reaccionaria y caduca.

A partir de estos últimos hechos Guillermo se referiría al Tercer Reich como una “República de Mostaza” parda y picante.
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jlchinchilla
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MensajePublicado: Sab Mar 24, 2007 5:52 pm    Asunto: Responder citando

La última morada del Guillermo II, la villa cerca de Doorn (Holanda):





Y el mausoleo:


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Si faltas a la palabra que nos diste a los muertos, no dormiremos, aunque crezcan las amapolas en los campos de Flandes.
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M.Dayan
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MensajePublicado: Mar Mar 25, 2008 10:10 pm    Asunto: Responder citando

Si Bismarck hubiera continuado en el cargo que ostentaba con el Kaiser Wilhemm I, ¿el II Reich hubiera tenido posibilidades de ganar la Gran Guerra?

P.D: ¿Alguien sabe si la mansion o villa donde vivio Wilhemm II se puede visitar?
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Uro Von Falkenyhayn
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MensajePublicado: Mar Jul 22, 2008 10:11 am    Asunto: Responder citando

Señalar que lo de "crecer bajo la influencia de su abuelo" se contradice con la biografia de Ludwig, donde señala que el joven Wilhem no era del agrado de sus abuelos, que le consideraban un pomposo relamido.

El "profundo amor y respeto" por su padre, tambien se contradice con la biografia, donde poco menos que sugiere que de haber vivido más tiempo, el principe imperial habría desheredado a Wilhem.

Según Vila-San Juan, Hindemburg exigió la autorización del zar antes de presentarse a las elecciones, y antes de aceptar a Hitler como canciller. Según este autor también, Hitler tenía dispuesto un macro-funeral para el Kaiser en Berlín, algo a lo que se opuso la familia de este, a menos que se reinstaurase la monarquia.
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Uro Von Falkenyhayn
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Registrado: 21 Jul 2008
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MensajePublicado: Mar Jul 22, 2008 10:14 am    Asunto: Responder citando

Señalar que lo de "crecer bajo la influencia de su abuelo" se contradice con la biografia de Ludwig, donde señala que el joven Wilhem no era del agrado de sus abuelos, que le consideraban un pomposo relamido.

El "profundo amor y respeto" por su padre, tambien se contradice con la biografia, donde poco menos que sugiere que de haber vivido más tiempo, el principe imperial habría desheredado a Wilhem.

Según Vila-San Juan, Hindemburg exigió la autorización del zar antes de presentarse a las elecciones, y antes de aceptar a Hitler como canciller. Según este autor también, Hitler tenía dispuesto un macro-funeral para el Kaiser en Berlín, algo a lo que se opuso la familia de este, a menos que se reinstaurase la monarquia.
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